miércoles, 6 de marzo de 2013

[EL AJEDREZ Y LA MUERTE...], Xuan Bello




   El ajedrez y la muerte: sigo con Borges y sus magias a través de estos Cuentos breves y extraordinarios. En el volumen, una antología que había confeccionado en la década de los 50 mano a mano con Adolfo Bioy Ca­sares, se recogen mil maravillas. Esta, «La sombra de las jugadas», atribuida a Edwin Morgan, me deja una inex­plicable melancolía: «En uno de los cuentos que integran la serie de los Mabinogion, dos reyes enemigos juegan al ajedrez mientras que en un valle cercano sus ejércitos luchan destrozándose. Llegan mensajeros con noticias de la batalla; los reyes no parecen escucharlos y reflexivos sobre el tablero de plata mueven las piezas de oro. Gra­dualmente se va aclarando que las vicisitudes del combate son las mismas que las del juego. Al anochecer, uno de los reyes derriba el tablero, porque le han dado jaque mate, y poco después un jinete ensangrentado le anuncia:
   —Tus hombres huyen. Has perdido el reino».
   Leo esta fábula y se me ocurre una pequeña varia­ción. Sobre la mesa del Campa imagino que la simetría que se establece entre la partida de ajedrez y la de la batalla tiene que ser especular; quiero decir que solo refleja la aparente simetría de los espejos; la izquierda se ve a la derecha, la palabra adán se refleja como nada. Calculo, especulo, que todo esto tiene que tener un co­rrelato en el azar, un correlato incluso moral. Mientras se va aclarando que las vicisitudes del combate siguen las vicisitudes del juego, mientras en la mente del rey se prefigura la última jugada que lo ha de llevar a la victoria, y el otro derriba airado el tablero, un jinete ensangrentado anuncia al vencedor:
   —Tus hombres huyen. Has perdido tu reino.
   Estoy seguro de que a Jorge Luis Borges y a Adolfo Bioy Casares ya se les debió ocurrir una variación tan evi­dente. Imagino a Bioy, socarrón, diciéndole a Borges:
   —Pero che, esa es la moral del criado que aún cree en la existencia de cierta justicia poética. ¿No dicen que quien es afortunado en amores es desafortunado en el juego? Pues eso, che, no tiene nada que ver con reyes venerables y sombras célticas.


XUAN BELLO, La nieve y otros complementos circunstanciales, Xordica, Zaragoza, 2012, pp. 54-55.








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